Daniel Contreras, UNICEF: No hay “bala de plata” para la educación

Por Daniel Contreras

Encargado Área de Educación de UNICEF

 

FUENTE: La Nación

 

¿Qué hacen algunas comunas distinto de sus vecinos para tener altos porcentajes de profesores destacados? ¿Cómo atraen, reclutan y retienen a los buenos docentes?

 

Los problemas complejos suelen tener soluciones complejas. No existen los problemas complejos con soluciones sencillas o simples. No funciona el mito del vampiro, donde con una sola bala de plata se da muerte al maligno personaje junto con destruir todo su entorno terrorífico.

 

En los últimos años, distintos agoreros han descubierto cada tanto la “bala de plata” para resolver los problemas del sistema educativo chileno. Y la han personificado en los profesores, los recursos económicos, el aporte de las familias, en la jornada escolar, en computadores para los estudiantes, etc. No cabe duda que estas cosas son relevantes, sin embargo, en este tema no existe una “bala de plata”. Para mejorar el sistema educativo, es decir, para conseguir que todos los niños y niñas aprendan, convivan apropiadamente con otros, que no sean discriminados y que desplieguen al máximo sus capacidades, se requieren múltiples y complementarios esfuerzos.

 

Hace unos días se dieron a conocer los resultados de la Evaluación Docente y con ello se abrió nuevamente el debate sobre la preparación y calidad que tienen los profesores encargados del aprendizaje de la mayor parte de los niños y niñas de Chile.

 

Nadie discute que los docentes juegan un rol clave en el proceso educativo y que contar con buenos maestros es muy importante. Es por ello que los resultados de la Evaluación Docente cobran tanta relevancia y encienden las alarmas del gobierno, de los municipios, de los apoderados, de los alumnos y de los propios profesores. Sin embargo, es importante analizar y detenerse en qué nos dicen los datos y que lecciones nos dejan.

 

La evaluación entrega gran cantidad de información. Sin embargo, dos datos llaman especialmente la atención. Por un lado, lo disperso de los resultados no permite decir de manera categórica que los docentes están mejorando su desempeño o lo están empeorando. Y por otro lado, los datos por comuna, al menos en las grandes ciudades, no muestran una relación directa entre la condición socioeconómica de los alumnos y la calidad de sus maestros. Hay comunas pobres con “buenos docentes” y otras con estudiantes menos pobres que tienen profesores peor evaluados.

 

Si asumimos que la evaluación debe tener, como se ha señalado con fuerza por algunos actores estos días, un carácter formativo, parece urgente analizar con qué herramientas cuentan los profesores que van mejorando. Y en aquellos casos en que la evaluación es negativa, saber qué apoyos e incentivos reales están disponibles para ellos después de la evaluación.

 

La cuestión de los soportes que se entrega a los maestros resulta clave, ya que para mejorar se requiere de interés personal, pero también de un contexto que lo permita. Éste último debe ser una combinación inteligente de épica, ética, incentivos y nuevas posibilidades de desarrollo, donde exista una asesoría experta situada allí donde ejerce el docente. No basta con charlas o capacitaciones genéricas sobre la didáctica de las matemáticas o la lectoescritura. Esta es la primera lección.

 

La segunda lección debe venir del análisis de las diferencias comunales ¿qué hacen algunas comunas distinto de sus vecinos para tener altos porcentajes de profesores destacados? ¿Cómo atraen, reclutan y retienen a los buenos docentes? ¿Cómo apoyan a quienes deben mejorar?¿Cómo incentivan y responsabilizan a los profesionales de la educación? Sin entrar en profundidad, parece evidente que enfrentar de un modo más o menos sistemático el desarrollo del personal docente en una comuna, puede hacer una diferencia.

 

Falta, no obstante, una discusión más a fondo al menos sobre otros temas que están a la vista y que tienen incidencia directa en la calidad de la educación, como el sistema de financiamiento, el rol de la educación pública, la segmentación del sistema educativo, por mencionar algunos. Se trata de una discusión, en definitiva, sobre como todo ello condiciona los resultados de aprendizajes de los niños y niñas de Chile. Y claramente no basta con los resultados de la Evaluación Docente para sindicar que profesores bien evaluados garantizan mejores aprendizajes o viceversa.

 

Lamentablemente no existe una “bala de plata” y el tema está lleno de enrevesado recovecos. Una buena forma de no perderse, quedado atrapado en interés corporativos, es poner siempre al centro del debate a los niños y niñas y su derecho a acceder a la escuela, a ser bien tratados y a aprender. Por momentos parece que eso –lo más obvio- queda muy a la sombra, allí donde nadie- ni siquiera una mágica bala de plata- puede orientarse.